PEQUOD

Texto de apresentação do livro, editado pela Artes e Ofícios. Clique na capa para ler três trechos da novela. Para ir direto à versão em espanhol, clique aqui.


Um avô e uma avó, um pai e uma mãe, o filho e as filhas. Principalmente um filho e seu pai. Uma cidade ao Sul, outra ainda mais ao Sul; una playa uruguaya e um navio há anos afundando. Uma raiz remota na Galícia. A poesia, o tango, o delírio metódico da criação, o Dr. Fiss. Muitos dias frios, muitos chuvosos. O quarto das aranhas. A sala dos espelhos. Goteiras pela casa toda e um relógio na parede da saleta.

O filho relembra, ou julga relembrar, a história do pai. A sua história com o pai. O filho conta a experiência da perda: da ingenuidade, da infância, da lucidez do pai, do próprio pai. O filho se percebe um satélite do pai. O filho recorta um pedaço do tempo para contar, rememorar, digerir a experiência.

Com tais ingredientes Vitor Ramil lida para criar esta novela única no cenário recente do país. Claro, ninguém duvidava que o autor de tantas canções geniais fosse capaz de criar literatura -que, como sabemos, também é um jeito de dizer. Com um pé na disciplina aprendida no universo da canção popular, outro na inventividade característica de seu trabalho ousado e renovador, Vitor é aqui um artista da palavra, para além dos limites do pop.

Obra de arte, Pequod significa mais do que alcançamos dizer. Aqui está a "estética do frio", fórmula de Vitor para enunciar o diálogo concentrado e infinito entre o pampa ondulado e aberto e a cidade ao sul da América. Aqui está a inteligência da loucura, que Vitor personificou em vários momentos, em Joquim, no Barão de Satolep, nos "loucos de cara". Aqui está uma reflexão artística sobre o tempo, este senhor tão bonito que Ahab presumia controlar e que o narrador quer entender. Aqui está a loucura da inteligência, nas metáforas destemidas da narração, no poder despudorado e involuntário de Ahab, na delicadeza sofrida do filho. (Não esquecer: Ahab, o obstinado Capitão do navio Pequod, que Herman Melville fez existir para caçar Moby Dick.)

Coração na mão, palpitante, o narrador nos conduz neste percurso tão dolorido e tão inescapável da busca da diferença (e da afirmação da semelhença). E quando nos diz, a horas tantas - "E se foi, pronto e maduro para seu destino, antes que percebêssemos que se tinha ido" -, aí então nos damos conta de quão próximos estávamos deste Ahab, que a memória não apaga, e Pequod eterniza.

Luis Augusto Fischer






Traducción de Isabella Mozzillo de Moura

Texto de presentación del libro (Editorial UFPEL/Centro de Integración del Mercosur). Click de la cubierta para leer tres fragmentos de la novela.


Un abuelo y una abuela, un padre y una madre, el hijo y las hijas. Principalmente un hijo y su padre. Una ciudad al Sur, otra más al Sur todavía; una playa uruguaya y un navío hundiéndose hace años. Una raíz remota en Galicia. La poesía, el tango, el delirio metódico de la creación, el Dr. Fiss. Muchos días fríos, muchos lluviosos. La piecita de las arañas. La habitación de los espejos. Goteras por toda la casa y un reloj en la pared de la saleta.

El hijo recuerda, o cree recordar, la historia del padre. Su historia con el padre. El hijo cuenta su experiencia de la pérdida: de la ingenuidad, de la infancia, de la lucidez del padre, del propio padre. El hijo se percibe como un satélite del padre. El hijo recorta un trozo del tiempo para contar, recordar, digerir la experiencia.

Tales son los ingredientes que utiliza Vitor Ramil para crear esta novela única en el escenario reciente del Brasil. Claro, nadie tenía dudas que el autor de tantas canciones geniales fuera capaz de crear literatura – que, como sabemos, es también una forma de decir. Con un pie en la disciplina aprendida en el universo de la canción popular, y otro en la inventiva característica de su trabajo osado y renovador, Vitor es aquí un artista de la palabra, más allá de los límites del pop.

Obra de arte, PEQUOD, significa más de lo que alcanzamos a decir. Aquí está la "estética del frío", fórmula de Vitor para enunciar el diálogo concentrado e infinito entre la pampa ondulada y abierta y la ciudad al sur de América. Aquí está la inteligencia de la locura, que Vitor personificó en varios momentos, como en las canciones "Joquim" y "Locos de Cara" y en su personaje de escena el "Barón de Satolep". Aquí tenemos una reflexión artística sobre el Tiempo, que Ahab presumía controlar y que el narrador quiere comprender. Aquí está la locura de la inteligencia, en las intrépidas metáforas de la narración, en el poder impúdico e involuntario de Ahab, en la delicadeza sufrida del hijo. (No olvidar: Ahab, el obstinado Capitán del navio Pequod, que Herman Melville hizo existir para cazar a Moby Dick.)

Con los nervios a flor de piel, palpitante, el narrador nos conduce en este recorrido tan doloroso y tan inescapable de la búsqueda de la diferencia (y de la afirmación de la semejanza). Y cuando nos dice, en algún momento – "Y se fue, listo y maduro hacia su destino, antes que comprendiéramos que se había ido"– nos damos cuenta entonces de cuán cerca estábamos de este Ahab, que la memoria no apaga, y que "Pequod" eterniza.

Luiz Augusto Fisher


Agente literária: Marília Barcelos - Tel: (051) 331-6967

    
Livro de Visitas

E-mail


Copyright ©1996 by Vitor Ramil e Henrique Vianna